Turismo
en Granada
Museo
de la Alhambra de Granada
Emplazado en el Palacio de Carlos V, símbolo
del poder de la monarquía, el Museo de la Alhambra
acoge una brillante representación de la civilización
Hispanomusulmana y el arte emiral, califal y nazarí.

Museo dedicado a la cultura y el arte hispanomusulmán,
custodia los numerosos testimonios arqueológicos
recogidos por la Comisión Provincial de Monumentos.
Acoge muestras representativas de la religión,
la ciencia y la economía islámica, objetos
pertenecientes a los primeros años de presencia
musulmana en la Península, bien diferenciados
los dos períodos emiral y califal. Especialmente
bellos los revestimientos en yeso de los muros, las
techumbres en carpintería o la vajilla doméstica.
Horarios: De martes a sábado,
de 9.00 a 14.30 h.
Cerrado: lunes, domingos y festivos.
Tarifas:
Entrada gratuita.

Turismo en Granada. Un poco de historia del
museo
La nueva instalación museográfica se
basó a nivel metodológico en un criterio
radical de selección, que eliminara los criterios
acumulativos de la anterior exposición permanente.
La selección de la colección fue fruto
de un largo proceso de contrastación que abarca
de 1992 a 1997, con la realización de exposiciones
temporales en las que las piezas del museo pudieron
ser catalogadas en profundidad por especialistas diversos
y comparadas con otras muchas.
Primero con las de numerosos museos europeos y norteafricanos
en la exposición Al-Andalus, celebrada en 1992
en los palacios nazaríes y después en
el Museo Metropolitano de Nueva York[ix]; y la Propuesta
para un Museo de la Alhambra, en sus dos ediciones de
Granada[x] y Berlín[xi] en 1995, en la que prácticamente
sólo existían fondos del propio centro
y del Museo Arqueológico Provincial de Granada.
Esta contrastación empírica permitió
afinar el diseño de las vitrinas y realizar la
selección definitiva de piezas a exponer. Ésta
combina una inclinación a la búsqueda
de las piezas más representativas desde el punto
de vista de la Historia del Arte, con otra –de
menor intensidad-, que pretende acercar al visitante
elementos significativos de la vida cotidiana: cerámicas
de almacenaje y cocina, vajilla de mesa, juguetes, etc.
El contenedor escogido fue la planta baja del Palacio
de Carlos V. La exposición permanente se instaló
con entrada por el zaguán occidental y salida
al zaguán oriental.
La distribución de la planta de este palacio
se completa con el espacio de la librería, una
sala de reuniones, y un salón de actos, útiles
tanto para el museo como para el Patronato de la Alhambra
y Generalife en su conjunto.
La intervención en el palacio supuso el desmontaje
de las oficinas del Patronato que se encontraban allí
ubicadas. El resultado es la devolución al edificio
de su imagen de arquitectura inacabada, con la supresión
de entreplantas construidas en los años cuarenta
del siglo XX, enlucidos, tabiquería recientemente
construida, rozas de instalaciones eléctricas
anteriores, etc.
La intervención sigue estrictamente el principio
de reversibilidad y el principio de reconocimiento visual
de la propia obra. Las nuevas pavimentaciones no alcanzan
a las paredes para hacerlas reconocibles.
Los materiales empleados fueron de primera calidad:
madera de haya blanca de Rumanía, roble y pino
de Finlandia; travertino de Trieste, mármol Val
d’Isoire y Carrara, Piedra de Sierra Elvira, etc.[xii]
Las instalaciones de iluminación, climatización
y seguridad corren sobre un plafón de madera
suspendido del techo. Este plafón se comunica
con la ayuda de un falso muro con las conducciones eléctricas
instaladas en el subsuelo mediante atarjeas.
La instalación de atarjeas aconsejó la
realización de una excavación arqueológica
previa a la intervención restauradora. Ésta
se practicó en el ala meridional del palacio
y supuso la exhumación de la acequia y la calle
Real, los principales elementos urbanísticos
de la Alhambra.
Todo ello recomendó integrar estos restos a
la exposición permanente como una pieza más,
con alto valor significativo, por cuanto es visible
en la propia sala la reparación de la cubierta
de la acequia real con los bordillos de sepultura arrancados
de la necrópolis popular nazarí de la
Alhambra (el Macbarat al-Sabika).
Se trata de un ejemplo paradigmático del tipo
de lectura que se espera que los visitantes realicen
del conjunto monumental como un palimsesto en el que
se suman intervenciones realizadas en todo tiempo, tanto
en época nazarí como en las edades moderna
y contemporánea.
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